viernes, 12 de febrero de 2010


Te levantas por la mañana para ir al trabajo, tienes todo preparado, justo ese día tienes una reunión y de hecho has preparado el conjunto que te vas a poner por la noche para la misma.

Te vas a duchar y resulta que te han cortado el agua caliente, luego te vas a vestir y las únicas medias tupidas negras que tienes se te rompen porque se te ha hecho una carrera cuando has ido mientras te las ponías a volcar todas las cosas que tenías en el bolso marrón que llevabas a juego el día anterior al negro que conjunta más con el vestido que llevarás/llevarías a la reunión.

Quede imprevistos ¿no? Pues bien, lo creamos o no, estos producen en la persona stess. Todo imprevisto siempre en mayor o menor grado afecta… en este caso, creo que lo que acabo de contar: de manera negativa.

“Te duchas con agua fría, buscas rápidamente otro vestido para la reunión si con suerte tienes unas medias a juego": ya has perdido tiempo para poder estar a tu hora en el trabajo. (¿más estress?)

Metro, en concreto, metro de Madrid, hora punta por la mañana. Hace frío por lo que has salido tras haberte duchado con agua fría, cambiado de conjunto, y más tarde de lo habitual de tu casa con un abrigo que consiga que el frío no te paralice los huesos.

Pues bien… con todo, entras al metro, y te encuentras que vas como sardina en lata, que la gente se pelea por entrar, y que aunque vean a una madre con un carrito de bebé o un bebé en brazos, la gente pasa… de hecho te empuja o la empuja...

Una vez en el vagón del metro; como “sardina en lata”, calor y más calor, pero lo malo es que no te puedes si quiera quitar el abrigo de lo aplastada que estás por los que se encuentran dentro del vagón y ya empiezas a pensar que luego al salir a calle tras sudar y pasar calor en el vagón, “quizás puedas cojas frío”.

En fin, lo relatado hasta el momento sobre el trayecto de casa al trabajo en metro, es una de las tantas cosas que "de vez en cuando", "no amenudo" ocurren. Como cuando esas líneas de metro en las que vamos cual sardina en lata, el conductor a través del megáfono anuncia a los señores viajeros que han de desalojar el tren, y tu pensando en que ya no es que no vayas a llegar a tu hora a la oficina, sino que quizás ni a la reunión…. (stress acumulado desde que te levantas…). También piensas que si ya va lleno el vagón y se desaloja, el próximo que vendrá lleno, más los que van llegando al andén, quizás no lo puedas coger porque no entres...

Pues bien, se me había olvidado comentar una cosa de las que pueden pasar un día tan relajante como el que he comenzado a relatar, pero antes, la noche anterior, antes de irte a la cama estuviste dándole vueltas de si saldrá bien la reunión, la rueda de prensa en el caso de estar en el sector de la comunicación, etc… es decir… te has dormido al final a las 01:30 de la mañana como pronto y solo has dormido como mucho seis horas. (stress acumulado????)

Sé que muchos no lo consideraréis así, pero está más que probado que muchas de las dolencias o enfermedades que padecemos, están precedidas por el stress: ya no por el laboral, sino por el que nos rodea dentro de la sociedad en la que vivimos…

Algunas personas desarrollan enfermedades o trastornos psicosomáticos con tendencia a ignorar las señales de su cuerpo, y en el caso de que sepan que algo les ha pasado o pasa, consideran que no tienen importancia.

Nos encontramos inmersos en un mundo y en una sociedad que continuamente a través de los informativos se nos bombardea con noticias reales negativas; injusticias que ocurren cuando nosotros somos afortunados, Vivimos en una sociedad que cuando vas de compras tranquilamente un sábado por un sitio céntrico de Madrid, parece que te van a dar un puñetazo porque quieren adelantarte andando (quizás porque estén estresados por la de gente que hay o porque están hablando por el móvil sobre un asunto importante).

Todo esto parece imperceptible pero crea poco a poco en ocasiones reacciones de irritabilidad, exigencias, tensiones y amenazas que desencadenan en el llamado estrés.

Según María en la publicación que hace en contagiaté de salud, ella nos recomienda empezar a valorar para empezar a cambiar la realidad que en nuestras vidas:

1. Encuentra un propósito: ¿Qué sentido o propósito puedo darle a mi vida para apoyar una mentalidad positiva y capacidad de recuperación en los tiempos de crisis que nos toca vivir?. Empieza por cultivar la gratitud por todo lo que ya tienes. La gratitud se correlaciona con una mejor salud y longevidad. Cuanto mejor te sientas con tu vida, mejor preparado estarás para continuar y valorar un estilo de vida saludable.

2. Invierte en relaciones: Haz un esfuerzo por conectar con la gente que más aprecias, una inversión de bajo coste que te traerá grandes ganancias en satisfacción vital y bienestar.

3. Trabaja de forma inteligente: Encuentra nuevos caminos para hacer más cosas de forma más satisfactoria y con menos estrés. Trabajar demasiado con un alto estrés y sin oportunidades de recargar baterías daña tu salud y acortará tu vida.

4. Adopta nuevos retos: Cuando eres flexible y desarrollas tus puntos fuertes, la calidad de tu vida y tu autoestima mejoran. Encuentra nuevos caminos para aprender a mejorar tu forma de pensar y tu nutrición, ejercicio, relajación y ocio.

5. Contrata un proceso con un coach de salud: Los asesores financieros te ayudan a mejorar y rentabilizar tu dinero, tu coach de salud, te proporcionará un plan para velar por la única posesión sin la que no podrás vivir, tu salud. Crearás una visión inspiradora, tendrás objetivos claros, realistas y medibles, para poder hacer un seguimiento de los progresos. Te mantendrás informado y motivado hasta que tu nuevo régimen de salud y bienestar se transforme en tu nuevo estilo de vida.
Espero que os haya servido de algo, si no, al menos lo he intentado.

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