Tras unos cuantos días de vacaciones de verano, en las que mi blog y yo hemos querido retirarnos a desconectar de todo lo que durante el año nos encontramos, volvemos al trabajo con las pilas cargadas.
Ya los días anteriores al comienzo del día en que entraba a trabajar intentaba prepararme para "saber" y ser consciente de que los desayunos mirando al mar, mis caminatas para fotografiar pueblecitos, momentos de oleaje en los que muchos aficionados hacen surf, o una simple una ventana de una casa en la que da la sombra y que seguro que en su interior aguarda muchos secretos, iban a desaparecer.
Mirar el mar, escuchar las olas, sin estrés ninguno... todo eso ya he ido poco a poco trabajándolo durante los dos últimos días de manera que me sea más fácil la vuelta.
Y es que las vacaciones, más que vacaciones, el relax, el "desconecto" se saborea, pero pasa muy pronto, y una vez que entras en "acción" a tu rutina laboral, se esfuma todo ese relax, y todos esos maravillosos desayunos frente al mar.
Pero vuelvo, porque me siento afortunada de poder volver, pero vuelvo, porque me siento afortunada de tener un trabajo, y sobre todo, lo que más me motiva de la vuelta, que sé que va a ser fuerte porque he de preparar una rueda de prensa y de encargarme de más cuentas, son ellos, "mis cuentas", los clientes o empresas para los que llevo la comunicación.
Podré echar de menos, como no, todo lo que ya queda atrás de mi verano, ese relax, pero dado que se ha de empezar, se ha de empezar en positivo, y vuelvo con nuevos y más retos de superación personal y de resultados para mis clientes. Un buen resultado para un cliente es como si fuese mío, y con los clientes que llevo, creo que merecen los mejores resultados y así será. Mi única motivación para la vuelta al trabajo es seguir consiguiendo los mejores resultados para ellos, el mayor número de apariciones en prensa y poder corresponderles de manera que vean incrementados sus resultados y márgenes gracias a mi trabajo diario.
¿Síndrome postvacacional? Pues... no lo llamaría así en mi caso, en tal caso lo llamaría "síndrome postrelax", porque ahora comienza la implicación personal nuevamente por conseguir lo mejor para mis clientes, comienzan los retos diarios de conseguir las mejores apariciones, organizar ruedas de prensa, llamadas con eco a stress, y todo esto acompañado de un ritmo frenético...
Es decir, que... ni el murmullo de las olas del mar, ni el tocar la arena con las manos y sentir que fluye entre tus dedos, ni los masajes relajantes que me he dado, porque los necesitaba... servirán de mucho a mi vuelta al trabajo. Sí sirvieron al comienzo, pero a la vuelta, vuelven nuevamente el stress, el ritmo frenético y como siempre, al menos en mi caso, la "implicación por las cuentas que llevo", que al ser como hijos míos, es decir, quiero para ellas lo mejor, lo doy todo y no mido hasta qué punto me puede afectar todo ese ritmo frenético o estrés.
Pero eso sí, intentaré que todo el estrés y la "vuelta al cole", me afecte lo más mínimo físicamente, me refiero a esos nervios que se agarran al estómago y parece que te va a explotar, he de cuidar a mis clientes, pero también a mi misma... (luego se me olvida... y solo me preocupo de mis clientes, que es a quien me debo). Lo llevo en la sangre, aunque intente durante el trabajo tener un "espíritu zen", me cuesta, pero septiembre comienza siempre con buenos propósitos, y este entre otros es deberme a mis clientes sin perder resultados, pero controlando ese ritmo tan frenético o los nervios que hacen que tu estómago explote.
